Se conocieron por casualidad, un amigo los presentó y parecían tal para cual, disfrutaban de la misma música, de los panoramas y quizás se veían como la pareja ideal, tras conversar mucho tiempo en forma virtual, comenzaron a salir, a coquetearse.
Durante un tiempo jugaban a conocerse, se reunían cuando tenían tiempo. Pues trabajaban alejados del centro de la ciudad y buscaban ese espacio para compartir. Aquella tarde tras algunas semanas de citas sin sentido lograron salir de noche, resolviendo sus tiempos y sus trabajos.
Llegaron a tiempo al restaurante donde debían juntarse y se saludaron con un beso tímido e incluso frío lleno de tensión y ansiedad, sin embargo llevaron a cabo la cita y cenaron como era de esperar.
Al salir del lugar caminaron varias cuadras, sin rumbo fijo pero con muchas ganas de conversar y por primera vez con mucho tiempo a su favor. Se sentaron a una plaza a mirar el paisaje nocturno de la ciudad, él la abrazaba y le cantaba al oído algunas canciones de amor que reflejaban lo que sentía, mientras ella disfrutaba del concierto privado notó que no se enamoraría. Lo supo en el instante en que demostraba algo más, y aunque en otros aspectos era perfecto. Se dispuso a seguir con el juego y aprovechar en lo posible esta velada.
Ella se levantó de aquel banco de plaza con la intención de seguir caminando, mientras que el enamorado abría su corazón cuando no era escuchado. Javiera le susurro una invitación y él decidió que fueran a su casa que estaba más cerca.
Una vez ahí, siguieron conversando, bebiendo algo, ella lo besó, esta vez con pasión, sabía lo que provocaba con un beso y esta no era la excepción, lo buscó y suavemente le pasaba su lengua por los labios, cuando el respondía a sus besos ella se alejaba y los terminaba abruptamente, para volver a besarlo antes de que él lo notara. Lee el resto de esta entrada






